Hay preguntas vitales que pueden llevarte a seguir transitando de otras maneras tu camino. Quizá tu mente está en resolver cómo descansar de tanto…  cómo descansar para  seguir…más que aprender,  a renunciar. Hay verdades que no pueden comprenderse de esta manera, con sólo la mente. Vivimos dentro de una cultura de fuerte contradicción, donde mientras tu mente está tan distraída, tu conexión con las emociones y sentimientos profundos son aplastados. Requiere un momento de quietud, para poder entenderlas. Lleva tiempo, porque la distracción que se nos ofrece reprime, desvía.  Las imágenes no dan respiro, pareciera que siempre hay algo que hacer…y a fin del día, realmente fue así?   Eres capaz de atravesar el (2)Rubicón como lo decidió (3)César el 11 de enero del año 49 A C? César puso su destino en manos de la Fortuna con una frase que ha quedado para la historia: “Alea iacta est”, «la suerte está echada» o «los dados están echados».   Crees que tu suerte está echada como él predijo?  Qué crees  que hay más allá? Para el autor que cito hoy, la emoción nos mueve de dónde estamos…aunque a veces, no sea siempre así, ya puede paralizarnos, la angustia puede ser un signo que te lleve a hacerte preguntas. Por ello, me parece importante, entender qué significa, qué refiere esta palabra?(1)La palabra “angustia” proviene del latín angustus: angosto, estrecho. En un primer momento no parece clara la relación entre significado y origen, pero si investigamos un poco más vemos que en la antigua Roma, angustus hacía referencia también a los desfiladeros o barrancos. Una interpretación posible es que a lo largo del tiempo la situación de estar frente al vacío de un abismo o desfiladero pasó a convertirse en la sensación misma de estar ante algo que nos aterroriza. Y ese terror es angustiante…Cuando ese abismo es difícil —o imposible— de reconciliar, solemos recurrir a otro verbo para intentar acabar con la angustia: recordar. Y, claramente, la etimología tiene otra maravilla aquí. Recordar proviene de la unión entre el prefijo re- (volver) y el vocablo latino cor-dis (corazón). El recuerdo nos permite traer de nuevo escenas, caricias, aromas y sonidos que gatillan de manera inmediata emociones en nuestro pecho, las mismas que sentimos aquella vez. Recordar es volver a pasar por el corazón, aquello que alguna vez pasó, y quisiéramos que vuelva a pasar. Hay algo en común entre las dos palabras que analizamos hasta ahora: ambas están ligadas a la emoción. La primera porque de hecho lo es y la segunda porque nos permite volver a sentir las que ya sentimos. Si consultamos —de nuevo — los orígenes de la palabra nos encontramos con la unión del prefijo e- (retirar, alejar de) y el verbo latino movere (mover, impresionar). Podemos elaborar, en base a esto, una nueva definición: la emoción es aquello que nos mueve de donde estamos. Ya sea para transportarnos a un lugar en especial o para viajar a un momento en el tiempo. Emocionarnos nos da la posibilidad de actuar y actuar, de ser. De tomar la decisión de crear nuestro propio camino. Y así lograr cambiar la realidad.1-Carlos Graffi- Revista virtual Medium-EÑES-2- El río Rubicón (en italiano, Rubicone; en latín, Rubico) es un corto río de régimen torrencial del nordeste de Italia, que discurre por la provincia de Forlì-Cesena y desemboca en el mar Adriático. Parece que el nombre deriva del color del agua, ya que discurre por una región arcillosa, que la tiñe de un color rubí. Nace en algún lugar poco determinado y encuentra la vía Emilia a la altura de Savignano sul Rubicone. En época de los romanos, señaló por un período (época tardo republicana, entre 202 a. C. y 27 a. C.) la frontera entre Italia, considerada parte integrante del territorio de Roma, y la provincia de la Galia Cisalpina y, por tanto, estaba prohibido que los generales lo cruzasen en armas.3- Tras su triunfo en las Galias, la ambición de César parecía no tener límites. Cuando el Senado y Pompeyo quisieron frenarlo, no se arredró: cruzó el río Rubicón, la frontera de Italia, y conquistó el poder por la fuerza. En la mañana del 11 de enero del año 49 a.C., César iba a tomar una de las decisiones más trascendentales de su vida. El día anterior, como si nada extraordinario fuera a suceder y para no levantar sospechas, había asistido en Ravena a un espectáculo público y había examinado con atención los planos de una escuela de gladiadores que pensaba construir. A continuación participó en un concurrido banquete, según su costumbre. En mitad de la cena se levantó de la mesa y dijo a los comensales que debía abandonarlos un momento. Fuera lo esperaba un carro uncido a los mulos de una panadería cercana; en él partió en secreto con una pequeña escolta. En la oscuridad de la noche, el carro de César se extravió y anduvo largo tiempo dando vueltas hasta que, al amanecer, un guía les indicó el camino correcto, aunque él y sus acompañantes tuvieron que ir a pie por senderos muy estrechos. Así llegó a orillas del río Rubicón, donde lo esperaban unas cohortes a las que había mandado adelantarse previamente.

PASAR POR EL CORAZÓN


	

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