Una Pausa con Eckhart Tolle

El ejercicio propuesto por la Fundación Eckhart Tolle me llevó más tiempo del que hubiera esperado. Luego de apagar los celulares, la radio y demás dispositivos, tomé de mi biblioteca el libro El poder del ahora y recordé textualmente de qué se trata estar en Presencia. ​En momentos muy difíciles de transitar, aprender esto me dio el empuje que necesitaba. Al tener apagado todo lo que podía robar mi atención, tuve el impulso de lanzarme al hacer. Así, pasé un rato amable con mis plantas, con el compostaje y con el orden. Me di cuenta de que estaba olvidando, por un lado, mirar si había mensajes; pero, por el otro —y lo más importante—, sentí desde adentro de mí misma, desde el interior del organismo, el estar con vida. No es pensar en ello, sino vivirlo, vivenciarlo. Tuve que recurrir a la respiración y, por breves instantes, sentí la calma que habita debajo de cualquier ansiedad. ​Sentí esa vibración o inquietud corporal que te hace lanzarte a un hacer sin fin o sin necesidad, sin detenerte a reflexionar. Pausa. Me recordé esta palabra: pausa. Y así, comencé a sentir calma. Porque… ¿qué existe en ESTE momento que me pueda distraer de lo que me propuse? ¡Nada! (¡Y qué difícil es, Eckhart!). ​Tuve unas 6 horas de pausa digital. No olvidaré esta experiencia que, aunque ya con los celulares encendidos, sigo sosteniendo e intentando vivenciar. ​Al encender nuevamente los aparatos, tenía un correo electrónico de E. Tolle con un video grabado desde su living. Sencillo y tranquilo, como es él, compartiendo y reconociendo lo difícil que es vivir en Presencia. ​El día lunes recibí otro mensaje en el que pedían que, si habíamos participado en este Día Anual de la Presencia, se lo hiciéramos saber etiquetando a la Fundación en redes sociales. Cumplí con la consigna y respondieron con amorosos emoticones. ​Fue una honrosa invitación, especialmente por lo humana, pero aún más por la sencillez de un grande: Eckhart Tolle.

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